Enseñanzas de Jesús para la vida práctica del Cristiano (parte III)

 

Estudiar:

Lucas 8:4-18

Objetivo:

Evitar frustración cuando no veamos los resultados deseados en la evangelización

Tópicos:

  1.  La parábola del sembrador
  2.  No hay nada oculto que no haya de ser manifestado
  3.  Evaluar nuestra audición
  4.  Conclusión

   Con la lección de hoy, concluimos por el momento esta serie de estudios sobre las  enseñanzas de Jesús, la base bíblica tomada para la misma es bien conocida por todo los creyentes, pero podemos decir que contiene bastante profundidad espiritual, de tal manera que los discípulos tuvieron que preguntar el significado de la misma (versículo 9).  Como vemos en los versículos siguientes, Jesús procedió a explicarles el significado de esta parábola, pienso que si el Señor no hubiese dado a conocer el significada de la parábola, tal vez para nosotros hoy día hubiese sido difícil entenderla.

   Como sabemos, en la multitud de los que seguían a Jesús estaban aquellos cuya intención no era sincera, sino que unos le seguían por los panes y los peces, y otros para polemizar sobre sus enseñanzas.  Por tal motivo Jesús hacía uso de parábolas que ellos no entendían, pero a sus discípulos se las explicaba. Aquí queda demostrado el trato de Dios para con aquellos que se acercan a él con sincero corazón.

1.  La parábola del sembrador (Lucas 8:4-15)

Con esta enseñanza, tomada de la realidad del que siembra lo semilla en los diferentes terrenos, Jesús ilustró la manera de los personas recibir la Palabra, y sus respuestas a la misma.  Muchas veces los creyentes se sienten frustrados cuando las personas no responden como esperan después de recibir los Buenas nuevas de salvación, pero nuestro trabajo en el Señor es sembrar la Palabra y esperar que el Señor dé el crecimiento a la misma, sin dejar de evaluarnos nosotros mismos como lo hacemos.  La misma enseñanza nos deja ver que no todas las personas recibirán la Palabra de la misma manera.

2.  No hay nada oculto que no haya de ser manifestado (Lucas 8:16-17)

   Si una pequeña vasija de barro en la que se ponía aceite de oliva y una mecha daba una débil luz puesta en un candelabro, cuanto menos alumbraba puesta debajo de la cama o debajo de un cajón, en otras palabras esa luz no debía esconderse, sino estar a la vista para que todos los presentes sean alumbrados.  Así debe estar nuestro testimonio, a la visto de los que nos rodean, para que sean alumbrados por la luz de Cristo que está en nosotros, porque como dijo el Señor, no hay nada oculto que no haya de ser conocido en nosotros, porque como dijo el Señor, no hay nada oculto que no haya de ser conocido y de salir a la luz.

3.  Evaluar nuestra audición (Lucas 8:18)

   Cuando Jesús terminó de mencionar los diferentes lugares donde la semilla habría de caer, a gran voz dijo:  “el que tiene oido para oir que oiga”, en otras palabras, no todo el que tiene oídos presta atención de lo que oye, pues muchas veces se oye con negligencia y con ligereza.  Por lo tanto debemos cuidarnos de las cosas que nos impiden recibir provecho de la palabra que oímos no sea que perdamos la oportunidad de ser transformado por la Palabra de Dios.

4.  Conclusión

   En la parábola del sembrador encontramos reglas y advertencias necesarias para oir la Palabra de Dios. Los creyentes somos bienaventurados, pues si lo que para otros la palabra es solo un cuento que los divierte, para nosotros es una verdad clara por la cual se nos enseña. Los discípulos no entendieron el significado de la parábola, pero sabían que esta contenía una gran enseñanza la cual no era apreciada por aquellos cuya intención no era seguir a Jesús. Somos muy privilegiados por ser seguidores de Jesús, pues cuando él estaba con sus discípulos se aseguraba de que ellos entendieran todas las cosas, pero cuando el Señor se fue nos envió al Espíritu Santo para que nos enseñara.   Ahora nos resta atender con más diligencia a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. ¡Qué Dios nos ayude!

 

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